Algo al otro lado de la habitación llamó mi atención. Alguien, mejor dicho. Desde lejos no podía saber a ciencia cierta de quién se trataba, pero creía haber visto a esa persona en algún lado. Decidí acercarme.
Ella también avanzó. Se paraba con los hombros hundidos, el pie derecho alineado delante del izquierdo y las manos en los bolsillos. No pude evitar adoptar una posición similar. Pie izquierdo adelante. Era algo extrañamente cómodo, que me hizo sentir en equilibrio. Ella me veía fijamente a los ojos, con una intensidad que me hizo sostenerle la mirada.
Alzó la mano e instintivamente hice lo mismo, con la intención de saludarla. Nuestros dedos se encontraron exactamente en la mitad de la distancia entre nosotras. La textura de su mano no parecía la de la piel, sino que era más dura, similar a la del vidrio. Ella no parecía extrañarse por eso, sino que seguía observándome.
Alguien a sus espaldas gritó mi nombre, provocando que ella se diera vuelta para ver de quién se trataba. Y yo, contra mi voluntad, giré para el lado contrario. Caminé hacia la puerta por la que había entrado a la habitación y la abrí, me di vuelta para mirar a aquella chica y me encontré con sus ojos otra vez. Ella estaba sosteniendo la puerta que se hallaba del otro lado, con un pie en el exterior. Se iba, abandonándome. No sabía cuándo volvería. ¿Y dónde estaría yo mientras?
Mi mundo no era real, sólo era un reflejo del suyo.
Mi tarea era esperar.
Ella también avanzó. Se paraba con los hombros hundidos, el pie derecho alineado delante del izquierdo y las manos en los bolsillos. No pude evitar adoptar una posición similar. Pie izquierdo adelante. Era algo extrañamente cómodo, que me hizo sentir en equilibrio. Ella me veía fijamente a los ojos, con una intensidad que me hizo sostenerle la mirada.
Alzó la mano e instintivamente hice lo mismo, con la intención de saludarla. Nuestros dedos se encontraron exactamente en la mitad de la distancia entre nosotras. La textura de su mano no parecía la de la piel, sino que era más dura, similar a la del vidrio. Ella no parecía extrañarse por eso, sino que seguía observándome.
Alguien a sus espaldas gritó mi nombre, provocando que ella se diera vuelta para ver de quién se trataba. Y yo, contra mi voluntad, giré para el lado contrario. Caminé hacia la puerta por la que había entrado a la habitación y la abrí, me di vuelta para mirar a aquella chica y me encontré con sus ojos otra vez. Ella estaba sosteniendo la puerta que se hallaba del otro lado, con un pie en el exterior. Se iba, abandonándome. No sabía cuándo volvería. ¿Y dónde estaría yo mientras?
Mi mundo no era real, sólo era un reflejo del suyo.
Mi tarea era esperar.
“Ahora, (...) si me escuchas con atención y dejas de hablar tanto, te contaré todo lo que pienso sobre la Casa del Espejo. Primero está el cuarto que puedes ver el espejo; es exactamente igual que nuestro salón, sólo que las cosas están para el otro lado. Puedo ver el cuarto entero si me subo a una silla, menos el pedacito que está justo detrás de la chimenea. ¡Ay, cómo me gustaría poder ver ese pedacito! Me gustaría tanto saber si hacen lumbre en invierno; porque eso es algo que nunca puedes saber, a no ser que nuestra lumbre empiece a hechar humo, y que el humo suba entonces por el otro cuarto... pero puede que sólo se trate de una apariencia inventada precisamente para hacer como que tienen lumbre.”
Lewis Carroll.
Fragmento de A través del espejo, y lo que Alicia encontró allí.