Caminé, me perdí y encontré a personas que de alguna manera me recordaban a la única que yo estaba buscando.
Pasé por una habitación grande, rodeada de balcones y gradas; era el fantasma de una mañana anterior. Hubiese matado por un café con leche.
Cuando el recuerdo se hubo evaporado, me di cuenta de cuál era el lugar donde tenía que buscar. Encontré ese lugar y ahí estaba. Sus ojos invadieron por completo mi campo visual. Cerré fuerte los míos y los volví a abrir. Era hora de desayunar.