miércoles, 14 de diciembre de 2011

Simbolismo Onírico II

Mientras iba y venía por escaleras y pasillos revestidos de gris, el frío se apoderaba de mí y me hacía temblar. Todo era (o casi todo) sombras. El aire era húmedo, lo cual me hacía sentir algo extraño e incómodo en la nariz.
Caminé, me perdí y encontré a personas que de alguna manera me recordaban a la única que yo estaba buscando.
Pasé por una habitación grande, rodeada de balcones y gradas; era el fantasma de una mañana anterior. Hubiese matado por un café con leche.
Cuando el recuerdo se hubo evaporado, me di cuenta de cuál era el lugar donde tenía que buscar. Encontré ese lugar y ahí estaba. Sus ojos invadieron por completo mi campo visual. Cerré fuerte los míos y los volví a abrir. Era hora de desayunar.