A ellos siempre les había gustado hablar de los recuerdos; traerlos al presente, según creían, hacía de su existencia algo más tangible y duradero, les quitaba lo efímero que tenía la memoria ante el paso del tiempo.
Pero en los últimos días habían descubierto un nuevo mundo que los había cautivado: el anhelo, que era la imagen en negativo de un recuerdo. Por eso, justamente, mucho mejor: todavía quedaba vivirlo, y todavía quedaba recordarlo.