– Decime, ¿vos sos feliz así? – le preguntó él.
– Así ¿cómo?
– Así, tal y como sos.
– Como soy ahora, como estoy ahora, en general... ¿A qué te referís exactamente?
– No sé. En general, digamos. Vos solamente respondeme.
Miró alrededor en busca de la respuesta. Rodeando su cintura estaba el brazo de su interlocutor. En el extremo izquierdo de la cama había un revoltijo de sábanas. Su visión no llegaba tan lejos, pero podía jurar que más abajo, al lado mismo del sommier, podría encontrar dos mudas completas de ropa totalmente desordenadas. Ropa desordenada, nada propio de su habitación. En su mente, se encogió de hombros.
– Y... en general, sí – se sonrojó –. ¿A qué viene esa pregunta?
– Quería saber, nada más. Ahora podrías dejarme ir, ¿no?
Lo pensó un momento y luego respondió:
– Sí, tenés razón.
– Gracias – dijo él. Suspiró, sonrió, se desvaneció.
Ella quedó enajenada por un rato, mirando el colchón sobre el cual segundos antes estaba acostada aquella persona.
– De nada – murmuró.
Se levantó despacio, tendió la cama, se vistió con la mitad de las prendas que recogió del suelo. Dobló la otra mitad y abrió la puerta que daba al baño.
– Te dejó tu ropa acá – avisó mientras colocaba la muda sobre la mesada.
– Gracias, salgo en cinco minutos – respondió una nueva voz masculina desde detrás de la cortina de la ducha.
Antes de salir del baño, se miró en el espejo semi empañado, sonrió y respondió – más para sí misma que para su oyente –:
– Está bien.
– Así ¿cómo?
– Así, tal y como sos.
– Como soy ahora, como estoy ahora, en general... ¿A qué te referís exactamente?
– No sé. En general, digamos. Vos solamente respondeme.
Miró alrededor en busca de la respuesta. Rodeando su cintura estaba el brazo de su interlocutor. En el extremo izquierdo de la cama había un revoltijo de sábanas. Su visión no llegaba tan lejos, pero podía jurar que más abajo, al lado mismo del sommier, podría encontrar dos mudas completas de ropa totalmente desordenadas. Ropa desordenada, nada propio de su habitación. En su mente, se encogió de hombros.
– Y... en general, sí – se sonrojó –. ¿A qué viene esa pregunta?
– Quería saber, nada más. Ahora podrías dejarme ir, ¿no?
Lo pensó un momento y luego respondió:
– Sí, tenés razón.
– Gracias – dijo él. Suspiró, sonrió, se desvaneció.
Ella quedó enajenada por un rato, mirando el colchón sobre el cual segundos antes estaba acostada aquella persona.
– De nada – murmuró.
Se levantó despacio, tendió la cama, se vistió con la mitad de las prendas que recogió del suelo. Dobló la otra mitad y abrió la puerta que daba al baño.
– Te dejó tu ropa acá – avisó mientras colocaba la muda sobre la mesada.
– Gracias, salgo en cinco minutos – respondió una nueva voz masculina desde detrás de la cortina de la ducha.
Antes de salir del baño, se miró en el espejo semi empañado, sonrió y respondió – más para sí misma que para su oyente –:
– Está bien.
Bello diálogo querida malenita, muy cargado y eso me gustó!
ResponderEliminarSeguí publicando que tus fans te aclaman!
Abz de cambio de jugadores en un partido de fútbol,
F.
que lindo escribís.
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