Era domingo, pero la agitación del centro era inusual para ser domingo. Parecía viernes. El sol se burlaba de mí mientras corría esquivando a las personas que se empeñaban en convertirse en obstáculos. Una vez más se me había hecho tarde. Pero de todas las veces que tenía que ser puntual y no lo había logrado, esta era la peor. Realmente quería llegar a horario. Mientras corría repasaba mentalmente lo que había preparado. Esta vez tenía que ser convincente y tener un poco más de tacto a la hora de pedírselo. Esperaba que fuera el momento apropiado. Llegué al lugar que habíamos acordado y, por supuesto, ella estaba ahí, esperando. El hecho de verla me hizo dudar, pero me mantuve firme. Me acerqué, intercambiamos saludos y a continuación me senté. Me miró. Nunca había notado que el color de sus ojos era de otoño. Sí, de otoño. Rarísimo. Ese tono que tienen las hojas después de ser verdes, pero antes de ser amarillas. Decidí concentrarme. Hablé primero, ya que ella no parecía tener mucho para decir.
– Hola, disculpa la demora.
– Está bien, es una característica tuya que acepté hace mucho – dijo con una sonrisa resignada.
No me parecía justo.
– Bueno, quería hablar con vos.
– Ya me lo habías dicho. ¿Sobre qué?
– Sobre eso – le contesté.
– Otra vez. No quiero hablar de eso.
– Pero creo que es bastante necesario – insistí.
– A mí no me parece.
Tampoco parecía justo. El hecho de que no quisiera hablar cambiaba los planes, así que decidí ir directo al punto.
– Quiero pedirte disculpas.
– No tengo disculpas para darte, resulta que me quedé sin.
– ¿Ni siquiera una?
– Ni siquiera la más pequeña de las disculpas.
Entonces no había mucho para hablar. Me quedé un rato en silencio, nuevamente esperando que ella interviniera. No dijo nada, sólo me miró.
– Bueno, entonces me voy. Avisame cuando tengas disculpas para mí, ¿sí?
– Te aviso. Chau.
El camino de vuelta fue mucho más tranquilo. Caminé en lugar de correr. El centro seguía lleno de gente y pensé que a lo mejor la que estaba en domingo era yo.
– Hola, disculpa la demora.
– Está bien, es una característica tuya que acepté hace mucho – dijo con una sonrisa resignada.
No me parecía justo.
– Bueno, quería hablar con vos.
– Ya me lo habías dicho. ¿Sobre qué?
– Sobre eso – le contesté.
– Otra vez. No quiero hablar de eso.
– Pero creo que es bastante necesario – insistí.
– A mí no me parece.
Tampoco parecía justo. El hecho de que no quisiera hablar cambiaba los planes, así que decidí ir directo al punto.
– Quiero pedirte disculpas.
– No tengo disculpas para darte, resulta que me quedé sin.
– ¿Ni siquiera una?
– Ni siquiera la más pequeña de las disculpas.
Entonces no había mucho para hablar. Me quedé un rato en silencio, nuevamente esperando que ella interviniera. No dijo nada, sólo me miró.
– Bueno, entonces me voy. Avisame cuando tengas disculpas para mí, ¿sí?
– Te aviso. Chau.
El camino de vuelta fue mucho más tranquilo. Caminé en lugar de correr. El centro seguía lleno de gente y pensé que a lo mejor la que estaba en domingo era yo.
Este escrito merece ser leído por Borges! Me hizo acordar muchísimo a él, no se por que.
ResponderEliminarExcelente, sin palabras me quedé.
Beso de Dishes! Jaja,
Fröu
male! que lindo lo que escribis! que bueno que nos encontremos todos en el espacio blogger escribiendo, dibujando y compartiendo nuestras cosas! la verdad que me encanto, me encanto, me dio paz, me dio lo que estoy necesitando ja voy a entrar seguido jeje besotes!
ResponderEliminarmmmmmmmmmmmmmmmuy lindo!
ResponderEliminarcontanos si es que algún día ella te da las disculpas, me quedé con intriga
besos, muchos, besos
...traigo
ResponderEliminarsangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...
desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ
TE SIGO TU BLOG
CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...
AFECTUOSAMENTE
MALENA
ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DEL FANTASMA DE LA OPERA, BLADE RUUNER Y CHOCOLATE.
José
Ramón...