El tejido que había estado armándose en mi memoria desde que podía recordar estaba cobrando forma: era una manta, de tejido grueso y pesado. Me envolví con ella y al principio, por supuesto, estaba muy fría. Me provocó un dolor intenso en un lugar dentro mío cuya existencia había desconocido hasta ese entonces.
Las lágrimas brotaron y la tormenta se desató en mí. Me di cuenta de que ya no quedaban futuros recuerdos. El telar que vivía en mi memoria ya no tenía más hilo, el anhelo se había velado.
Repasé todos los puntos del tejido. En un principio, todos dolieron; después las lágrimas se disiparon gracias a alguna sonrisa húmeda que acompañó algún recuerdo.
Me dejé envolver mejor por esa manta, y cuando hubo tomado la temperatura de mi cuerpo, ya más calmada me senté a esperar la otra tormenta.
Ay colorá, que tengo la piel de poio.
ResponderEliminarel anhelo se había velado.. que buena frase male, muy bueno!
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