miércoles, 20 de febrero de 2013

Nuestra madre debería haberte llamado Laïka

Él se fue de repente, sin decir nada. Creemos que quería causar algún tipo de impresión en nosotros, dejar una huella. 

Nunca supimos cuál era la impresión detrás de su intención; aún hoy no logramos descubrirlo.

Una noche, llegamos a casa bastante tarde. Todos juntos, menos él. 

Apenas entramos y respiramos el aire que corría por el pasillo -frío, tajante- nos dimos cuenta de que algo pasaba.

Cuando vimos las fotos en los portarretratos todas nuestras sospechas quedaron confirmadas. De cada una de ellas se había extraído, con sumo cuidado, la imagen de todos los integrantes, menos la de él. 
Sentimos que a nuestros nombres les arrancaban cada letra. No éramos nosotros sin él.

La realidad cayó sobre nosotros con el peso y la gelidez de un glaciar.

Cuando hubimos entendido que él no estaba, corrimos en su búsqueda.

Corrimos por el parque, por el río. Por otro parque, por otro río.
Gritamos su nombre desde cada puente.

Cuando lo encontramos supimos que no podíamos dejarlo tal cual estaba. 

Debíamos hacer algo por él, salvarlo de sí mismo.

Y hacerlo por nosotros, por el bien de todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario